| La Revista 21 entrevista a Juan Martín Velasco
La Revista 21 publica en su número de junio una entrevista al autor del libro ¡Ojalá escuchéis hoy su voz!, de PPC. Les ofrecemos un extracto de la misma:
El profesor de Filosofía y Fenomenología de las Religiones Juan Martín Velasco (Santa Cruz del Valle, Ávila, 1934) vuelve a las páginas de 21, que durante cerca de quince años albergaron su columna mensual Signos de los tiempos, para hablarnos de sus sueños sobre la Iglesia y el mundo, de su visión esperanzada del ser humano y este tiempo nuestro que avanza hacia la recuperación de valores que superen el materialismo. Lo hace con motivo de la publicación de un nuevo libro: ¡Ojalá escuchéis hoy su voz! (PPC). Una guía sencilla, amable e inclusiva, para despertar nuestra espiritualidad y encontrarnos en el amor.
A sus 78 años y pese al desorden que dice caracterizarle, el maestro Juan Martín Velasco ha recopilado y ordenado en un nuevo libro las que fueran sus colaboraciones periódicas en la revista 21 y en otra publicación catalana llamada Misa dominical. Se titula, significativamente, ¡Ojalá escuchéis hoy su voz! (PPC) y pretende invitarnos “a aguzar el oído” en medio de una situación en que parece que nada remite ya a Dios. “Eso significa, no ponerse como una antena parabólica vueltos al cielo, sino más bien ser como una especie de radares que descubramos en lo que va aconteciendo lo que Dios nos quiere decir a nosotros”.
Sabe bien Martín Velasco de radares pues ha pasado prácticamente 15 años procurando detectar y descifrar en las páginas de 21 los signos de los tiempos que nos han tocado vivir. Entre ellos, el profesor de Fenomenología de las religiones que aclara siempre que no es teólogo, constata la actual crisis de la Iglesia. Y entre los principales males que la aquejan destaca el peligro de “enterrar lo que supuso el Concilio Vaticano II”, que a su juicio fue “un momento de lucidez y de docilidad al Espíritu” que pretendía “poner a la Iglesia en sintonía con la cultura y con el mundo actual” y que provocó un enorme entusiasmo.
Le preocupa también que una parte de la Iglesia, fundamentalmente “sectores de la jerarquía”, tengan un miedo enorme a la situación en la que estamos. “Y como el miedo es mal consejero, les parece que la manera de responder a la situación es restaurar la forma de Iglesia que ha entrado en crisis”. Por eso cree que sería indispensable que la jerarquía volviera a mirar al mundo y los avances del progreso con “los buenos ojos” de Juan XXIII, el Papa bueno.
“Porque además –afirma convencido– es que aunque el mundo actual tiene muchos lados negativos, es indudable, también tiene una serie de aspectos que facilitan la comunicación del cristianismo con él”. Por ejemplo, apunta a la cantidad de personas de nuestros días que buscan en nuevos movimientos religiosos el contacto con una cierta transcendencia, “la llamen Dios o la llamen de otras maneras”.
Martín Velasco explica esos nuevos movimientos religiosos como “una doble reacción, por una parte a la cultura científico-técnica que no es capaz de satisfacer al ser humano, pero por otra a las Iglesias, a las religiones Institucionalizadas, que no saben dar cauce a esa dimensión de trascendencia y que suponen incluso un obstáculo para los que la buscan”.
Por eso propone “hablar de Dios con un cuidado extremo, porque con mucha frecuencia nuestras palabras lo ocultan más que lo ponen de manifiesto. Y por otra parte, porque hay que hablar no como si nosotros tuviésemos el monopolio sobre Dios y fuésemos los únicos que sabemos de Él”.
También fija su mirada crítica en la manera de organizarse la comunidad de los creyentes. “Se privilegian los aspectos institucionales, se subraya en exceso la necesidad de normas, un derecho canónico que parece tener la voz cantante en la Iglesia, cuando la voz primera es la del anuncio del Evangelio que es una buena noticia, la del amor de los unos con los otros”.
El centralismo vaticano es igualmente objeto de su denuncia. “Hasta para la cosa más insignificante nuestros obispos reciben la consigna de lo que tienen que hacer, sin tener en cuenta las circunstancias concretas de cada Iglesia particular”, alega. Y carga las tintas “sobre el clero y la jerarquía en su conjunto porque hemos asumido una posición que no es la nuestra. Con frecuencia, la jerarquía, que ha sido considerada erróneamente durante mucho tiempo como el centro de la Iglesia (cuando el único centro de la iglesia es Jesucristo y luego todos los demás somos hermanos) se ha establecido como intermediaria entre Dios y los humanos, y no lo somos”. Recuerda que la jerarquía debe ejercer un ministerio de unidad, de acompañamiento. “No como aquella que domina sobre los fieles, sino como aquella que sirve al conjunto”.
Texto y foto del autor: Mª Ángeles L. Romero
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